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Diario Octubre – “¡En Siria hay que defender el Estado actual!”

“¡En Siria hay que defender el Estado actual!”

por Louis Denghien

Conocida personalidad del movimiento antiimperialista, el abogado internacional Jacques Verges observa la decadencia moral de Occidente y su pretensión de remodelar el mundo según su conveniencia. En entrevista concedida a InfoSyrie, Jacques Verges alerta contra las acciones que buscan derrocar los regímenes laicos y progresistas en Libia y Siria para llevar al poder grupos religiosos reaccionarios.

Jacques Vergès

Louis Denghien: En primer lugar, ¿cuál es su análisis sobre la situación en Siria?

Jacques Verges: Existe muy claramente un intento de desestabilización exterior contra Siria. Arabia Saudita está actuando en ese país a través de los grupos salafistas que inspira y financia. Y, por supuesto, Estados Unidos está supervisando ese esquema de guerra civil [1]. Israel, Estado fronterizo y enemigo de Siria y que además cuenta con servicios de inteligencia y de acción bastante eficaces, también está en mi opinión directamente implicado. Tampoco se puede olvidar el papel de locomotora que está desempeñando Francia, en el plano diplomático, para desacreditar y aislar al régimen sirio.

No por ello niego la existencia de problemas sociales en Siria. Francia también tiene graves problemas sociales y se puede decir incluso que la sociedad francesa está empantanada en cierto número de aspectos. Pero los enemigos internos y externos de la Siria gobernada por el partido Baas hacen todo lo posible por echar leña al fuego. En lo que me concierne, yo me defino muy claramente como amigo de Siria tal y como es en este momento.

Louis Denghien: ¿Cuál o cuáles son, en su opinión, los motivos de la actitud [del presidente francés] Nicolas Sarkozy en este asunto?

Jacques Verges: En el plano estrictamente ideológico está el indudable filosionismo y filoamericanismo de este presidente, que sueña con ser el mejor alumno europeo del «aula OTAN», o por lo menos con lograr un empate en el primer puesto con el británico David Cameron. Y entramos aquí en un aspecto más personal y sicológico del personaje: su patético deseo de alzarse a la categoría de hombre de Estado que juega en la «liga de los grandes» a nivel mundial, categoría que una amplia mayoría de la opinión francesa parece seguir negándole actualmente.

Están además todos esos fracasos internos –en materia de economía y de seguridad– que se trata de hacer olvidar a los electores con demostraciones de poderío bélico. Es un modo de actuar tan viejo como el mundo de la política.

Y, para terminar, está también la pesada deuda de la diplomacia francesa hacia la primavera árabe, tunecina y egipcia, desde [el primer ministro francés Francois] Fillon tomando vacaciones pagadas por Mubarak hasta «M.A.M.» [Michele Alliot-Marie, la entonces ministra francesa de Relaciones Exteriores. NdT.] proponiendo a Ben Ali la experiencia francesa en materia de represión policial [2].

Son bastantes cosas que [Francia tiene que tratar de hacer] olvidar lo más rápido posible. El resultado es esencialmente esta guerra no confesada contra Kadhafi, decidida de forma apresurada y sin objetivo político definido sólo en respuesta al llamado de Bernard-Henri Lévy, por encima del hombro de Alain Juppé y de Gerard Longuet, política aventurera que sólo puede conducir al caos, a la pérdida inútil de vidas humanas y de recursos. Y que ya es un fracaso, como la guerra en Afganistán.

Kadhafi resiste, no porque disponga de un armamento superior sino por el respaldo que gran parte de la población libia le sigue prestando, y también porque los opositores que los occidentales pagan a precio de oro dan prueba cada día de su propia incapacidad, no sólo en el plano militar sino a nivel político.

Ante esta resistencia, los medios [de prensa] desentierran los ya conocidos embustes de la guerra sicológica. ¿Usted ha oído esta pintoresca «noticia» divulgada en nuestros medios televisivos? ¡[Dicen que] Kadhafi distribuyó viagra entre sus soldados para incitarlos a violar a las mujeres de los rebeldes! [3] ¡Cuando alguien tiene recurrir a ese tipo de propaganda es porque la cosa anda realmente muy mal!

Louis Denghien: En su opinión, la acción occidental, tanto en Libia como en Siria, es de cierta manera improvisada, no es fruto de la reflexión y está condenada al fracaso. Se supone que habría que esperar menos amateurismo de parte de la administración estadounidense y de la OTAN…

Jacques Verges: Pero si no hay más que ver el desastre que los americanos han provocado en Irak desde hace casi 10 años. Desataron una guerra con pretextos falsos para acabar con Sadam Husein, un «duro» del bando árabe ante Israel. Y después de innumerables víctimas y de gigantescos daños pusieron el poder en manos de la mayoría chiíta, en otras palabras, de Irán, su enemigo público número 1.
¿Esa es la gran geopolítica? ¡Cualquier analista o conocedor de la región hubiera podido predecirle ese resultado a Bush y a su pandilla neoconservadora!

Esa estúpida situación inspiró al gran intelectual americano Noam Chomsky la siguiente frase humorística y de hastío: «¡Yo creía que habíamos ido a Irak a luchar contra el fanatismo islamista y lo que hicimos fue ponerlo en el poder!». Y ahora es lo mismo en Libia. Viramos los cañones contra Kadhafi, que se había acercado a Occidente y a quien Sarkozy había recibido en el pasado con todas las atenciones que ya conocemos, y la solución de repuesto que tenemos son unos limitados impotentes que se hayan bajo la influencia de los islamistas radicales, que representan cuando más únicamente a la provincia de Cirenaica, donde me parece incluso que su representatividad es cuando menos frágil.

¿Se mantendrá la «determinación» francesa –o inglesa– después de la caída del primer helicóptero o de los primeros comandos terrestres?
En cuanto a Siria, si los americanos y sus amigos sauditas lograsen derrocar el régimen de Bachar el-Assad, entregarían el país ipso facto a los sectarios sunnitas que pondrían ese moderno país a la hora de Riad, lo cual tendrá en definitiva graves consecuencias para Israel y sus protectores americanos. A pesar de lo que acabo de decir, yo sigo siendo optimista, en cuanto a Siria e incluso en lo tocante a Libia. La mayoría del pueblo sirio sabe que lo que le traerían los opositores oficiales más o menos títeres de los americanos y los grupos armados infiltrados sería la guerra civil y la destrucción de su país. Los sirios no quieren que su país se convierta en un nuevo Irak.

Louis Denghien: ¿Y si el objetivo de los estadounidenses y sus auxiliares europeos y árabes fuese precisamente, a falta de lograr controlar Siria, destruirla, hacerla volver medio siglo atrás o aún más, como ciertos estrategas del otro lado del Atlántico se jactaron de poder hacerlo con Irak?

Jacques Verges: Precisamente, el ejemplo iraquí está demostrando que se trata de una política de poca visión, y peligrosa para los intereses geoestratégicos de Washington. Irak nunca ha estaba tan cerca de Irán como lo está hoy. Y la creación de facto de un Estado autónomo kurdo en el norte del país ha contribuido a alejar a Turquía de Estados Unidos.

Nada se gana creando situaciones incontrolables. ¡El caos que usted crea acabará pegándole en la cara como un bumerang geopolítico! ¿Y qué habrá ganado la señora Clinton cuando tenga yihadistas desfilando por las calles de Trípoli, después de haberlo hecho por las de Benghazi?
En lo que concierna a Siria, creo que el respaldo que aún se mantiene al poder de Bachar el-Assad sigue siendo el más efica z de los obstáculos ante las maniobras americano-israelo-sauditas.

Louis Denghien: ¿Entonces, en Siria, como en otros lugares, Occidente está aplicando la huida hacia delante, la política de la cañonera día tras día?

Jacques Verges: Exactamente. Es que Occidente está enfermo, económicamente, políticamente y, sobre todo, moralmente. Para mí, esos costosos aspavientos militares, desde Kabul hasta Trípoli, pasando por Bagdad a falta de Damasco, son comparables a los espasmos de un agonizante. Estados Unidos, sobre todo, está muy enfermo, por su economía arruinada, por su colosal deuda, por su dólar convertido en moneda de Monopoly, por sus gigantescas estafas al estilo de Madoff. Y también por la llegada al «mercado geopolítico» de potencias emergentes, o reemergentes como Rusia, China, la India y Brasil.

Para mantener una apariencia de legitimidad moral y política, y por lo tanto un liderazgo mundial, se inventa un enemigo, un «Gran Satán», como dirían los iraníes, para que la opinión interna se olvide de la quiebra inminente. Pero ¿qué crédito moral se puede otorgar a potencias que practican permanente la política del «doble rasero»?

Para referirnos sólo al Medio Oriente, bombardeamos Trípoli y amenazamos a Damasco, pero se permite que, a pesar de las repetidas resoluciones de la ONU, Israel prosiga la colonización y la represión sangrienta, se permite que las tropas sauditas repriman un movimiento de protesta en Bahrein, otro peón de Estados Unidos en el Golfo. Criticamos duramente el fanatismo iraní pero nos apoyamos en la Arabia Saudita teocrática que practica la variante más sectaria y oscurantista del Islam.

Yo pudiera hablarle muchísimo también de Costa de Marfil, donde Francia, plegándose también a la decisión de Estados Unidos, decretó que Alassane Ouattara es el demócrata bueno de la película y que Laurent Gbagbo es el malo, a pesar de que la ONU demostró numerosos excesos cometidos contra la población civil por las tropas de Ouattara y el clima de terror que implantaron en su feudo del norte durante las famosas elecciones presidenciales. Y si nos dicen que el señor Ouattara no controla sus tropas, ¡es simplemente un incapaz!

Yo repito que esas expediciones coloniales en África y en el Medio Oriente –después de todo son las dos antiguas potencias colonialistas, Francia y Gran Bretaña, las que están en la primera línea militar y diplomática en el norte de África y en el antiguo Levante– son prueba de la mala salud de sus instigadores. ¿Estados Unidos está enfermo?

¿Y qué decir entonces de Francia? Para mí, el caso de Dominique Strauss-Kahn ilustra la bancarrota moral y política de las élites social-liberales, desgastadas y corruptas. Y esa bancarrota moral se suma a la quiebra de las instituciones y de la economía, sin olvidar la inseguridad. ¡Todo el mundo sabe que el Estado francés que está bombardeando Trípoli es incapaz de meter en cintura a los pandilleros de sus propios barrios periféricos! ¡Y luego nos sorprende que un presidente como Sarkozy, último producto de esa casta gobernante, trate de recuperar prestigio y altura a costa de los libios y de los sirios! ¡Mentira! ¡Mentira y espasmos de agonía! ¡Occidente está a punto de morir de cinismo y de quiebra moral!

Louis Denghien: Para terminar, usted parece más bien optimista en cuanto a la evolución de la situación en esos países de la «línea del frente».

Jacques Verges: Sí. Estados Unidos y sus compinches pueden hacer bastante daño, ya lo estamos viendo en Libia y en Afganistán, y también en Sudán. Ya lo hemos visto en Irak y en la ex Yugoslavia. Pero no creo que logre imponerse ante pueblos y naciones. Lo vemos o lo veremos en Siria, en Libia, en Egipto, en Líbano y en Palestina. En Siria, hay que mantenerse vigilante ante las maniobras de desestabilización y las operaciones de desinformación.

Louis Denghien: ¡Muchas gracias, abogado Verges!

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