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Diario Octubre – Ramón Fernández: (Pan), circo… y crisis

Ramón Fernández: (Pan), circo… y crisis

cjc_medio1-e1304332748846La población tiene asumido que la crisis estructural del capitalismo y sus terribles efectos han llegado para quedarse. Está en el ambiente eso de que “de esta no salimos” y, si salimos, el paisaje social que se dibujará hará de épocas pretéritas un sueño que los hijos del mañana no se acabarán de creer.

Siempre es interesante tomarle el pulso a las reacciones en la consciencia de la clase obrera y las capas populares respecto a diversos temas, por ejemplo: los homeless. Antaño eran tan solo miserables, antisociales, alcohólicos, parias, a veces unos crápulas o “de fuera” o unos drogadictos, unos tullidos que aireaban sus deformidades para arrasar con la competencia o cuando no, seguro, unos incorregibles vagos. Eran marcianos, había una muralla china entre su mundo y el nuestro. Pero hoy el mendigo es algo diferente. Ahora podría ser nuestro vecino, ahora podríamos ser nosotros, una mirada a nuestro posible futuro.

Traídas tanto de la mano del PSOE como del PP, las contra-reformas laborales, que debían ser el aceite de bacalao (saben mal pero curan) y que debían repartir entre todos el peso de la salida de la crisis, no parecen haber traído nada más que más paro y más miseria; el número de parados de larga duración está batiendo récords, y lo mismo el paro juvenil.

Más rápido que poco a poco, se ponen las bases para cambiar un marco donde el capitalismo se podía desarrollar “democratizando” el acceso a la sanidad y la educación, a un marco donde el capitalismo ya no puede permitirse el lujo de dejarnos tales migajas. El sistema de la burguesía, para regenerarse, debe recomponer su tasa de beneficios lastrada por unas dinámicas que el propio sistema crea. Eso quiere decir que el monto del producto social que le correspondía a aquellos que generan toda la riqueza se va a reducir extraordinariamente… tal es la salida del capitalismo a las crisis que él mismo genera.

Ejemplifiquémoslo con algo concreto, una de tantas medidas tomadas tan necesarias para el sistema como lesivas para la clase obrera y las capas populares: la subida de la aportación por receta médica que, entre otras cosas, lastra cualquier política sanitaria de medicina preventiva y dispara los costes de oportunidad. Me explicaré: lejos de lo que se suele decir, la gente no es nada pastillera. Es odioso tomar pastillas pues son la plasmación material de que se está enfermo. La misma lógica alimenta la reticencia a ir al médico: no queremos ser muy conscientes de que estamos enfermos, a riesgo de negarnos el acceso a soluciones. La tasa sobre las recetas, evidentemente, actúa como refuerzo negativo a un endémico incumplimiento del tratamiento; esto es muy grave para los tratamientos, que tiene un efecto palpable en la salud el paciente (colesterol, diabetes, hipertensión) lo cual provocará un aumento del riego a sufrir accidentes cardiovasculares cuyo tratamiento es, a la larga, ¡más costoso para el sistema sanitario que la toma diaria de una pastilla!

Podríamos poner mil ejemplos para ejemplificar cómo con sus parches el capitalismo está cavando los precipicios por los que se precipitará mañana… con todos aquellos que vayan montados en él.

Si aún con las personas más inteligentes a sueldo de la burguesía no se tiene más remedio que tomar medidas que sitúan un marco en el cual el capitalista es incapaz de regenerar la fuerza social de trabajo… se evidencia por arriba, por abajo, por el centro… por todos lados… los límites históricos del reino de la burguesía y la necesidad de que la clase obrera y las capas populares con su Partido Comunista a la cabeza construyan la única alternativa posible: el socialismo.

Pero la cosa no es tan fácil como parece, el chiringuito tiene sus mecanismos para distraer. Tal cosa se plasma clarísimamente en Catalunya, donde tienen al pueblo trabajador ensimismado con el teatro de la independencia, la promesa de una nueva Ítaca, un nuevo comienzo sin los lastres que supone estar en el Estado español. Al otro lado del Ebro, también la burguesía lo tiene cojonudo, pues con banderas tiene la oportunidad de disimular sus miserias.

En ese marco cobra fuerza las CUP que, saliendo del radicalismo pequeño-burgués, ahora está buscando su propio Anguita. Pese a su innegable composición y base popular, la falta de visión estratégica, centralización del movimiento, formación y heterogeneidad (en el mal sentido de la palabra) condena a tal proyecto a sumarse más pronto que tarde a esa reformulación de última hora de la socialdemocracia que en Grecia, por ejemplo, ha tomado el nombre de SYRIZA y que, de cuajar, traerá la necesidad de volver a clarificar los campos entre aquellos que con abnegación sí defienden la independencia programática de la clase obrera y aquellos que juegan un importante papel en el circo burgués, esta vez sin pan.

Ramón Fernández
Integrante del Comité Central de los CJC y miembro de su Área Ideológica
TintaRoja.es

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