La farsa política española y su circo electoral

teatro1.-Algunas pinceladas respecto al bazar político español: 

“Toda la vida en las sociedades donde rigen las condiciones modernas de producción se manifiesta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que antes se vivía directamente, se aleja ahora en una representación.” (Guy Debord. “La sociedad del espectáculo”)

Una sociedad en la que el tiempo y la distancia respecto a los acontecimientos, como medios necesarios para la reflexión, ha sido sustituida por la inmediatez, el titular y el tuit es ya una sociedad posthistórica, una sociedad que ha perdido la capacidad de producir sentido/significado, y la conciencia de necesidad del mismo, para ser sustituida por una emisión constante de estímulos en forma de significantes performativos. El signo político como unión entre significado y significante hace mucho que ha dejado de operar porque los significados ya no existen y no hay referentes anclados en la realidad a los que remitirse.

La muerte de la política se manifiesta en la constante reproducción de la realidad social como mera representación teatralizada de sí misma. El show político es un constante realitiy al que cada vez más se le ve más la maquinaria infernal de la tramoya. Sin embargo, y a pesar de la creciente conciencia de pura simulación de la realidad en el escenario político, el sistema aún funciona porque ya no existe un enemigo real que le sustituya. La carcasa vacía que constituye hoy el parlamentarismo y la representación política se parece mucho a esa sensación de verdad-mentira que se expresa en la idea de guerra permanente entre los tres superestados -Eurasia, Oceanía y Estasia- de la novela de Orwell “1984”. Sea o no cierta, en la medida en que una novela de ficción pueda contener “verdad”, la existencia de esa guerra mundializada, uno no deja de tener la sensación de que es todo un inmenso espejismo, una telerrealidad representada ante un público/población para justificar la dictadura del Gran Hermano. Esta tendencia hacia el simulacro y la sociedad del espectáculo es una realidad innegable en el mundo actual en el que vivimos.

La banalización de la realidad social, el entrelazado de la exhibición de la desigualdad con el entretenimiento más alienante, la morbosa presentación de dolor ajeno, producto de esa desigualdad, junto con la presentación de recetas a cuál más falsa, inútil y tramposa para “mitigarlo”, que no erradicarlo, es parte del simulacro político. Todas las facciones que admiten la mentira del circo parlamentario como espacio de la acción participan de esa gran patraña, con la necesaria diferencia, para que parezca que hay disputa, de que unas bendicen el mecanismo económico del sistema y otras pretenden hacer creer a las víctimas del capitalismo que les mueve un espíritu humanista, una empatía con su aflicción y hasta, algunos, en el colmo de un fingido candor, un deseo de emancipación.

El capitalismo en su etapa senil se niega a erradicar la injusticia social, la pobreza y la explotación del ser humano. En su loca carrera hacia la supervivencia del más fuerte, sólo la concentración de la riqueza, nacida de la actividad económica y especulativa, es su horizonte. Una perspectiva que ya no planifica en el tiempo el crecimiento ni el desarrollo de las sociedades humanas como base de su expansión sino que se limita a intentar la conservación el mayor tiempo posible del actual “status quo”

Puesto que no puede ni pretende resolver sus contradicciones fundamentales, el capitalismo necesita del espectáculo, la representación teatralizada de nuevos jalones de la mentira que oculte que la pobreza de amplias capas de la clase trabajadora y la ausencia vital de posibilidades para sus vidas es la única realidad tangible.

En ese proceso hacia la falaz construcción de un trampantojo que esconda nuestra existencia nacional y colectiva real, los señuelos que el capitalismo patrio envía a los golpeados por la crisis para mandarlos a combatir contra molinos de viento han jugado un papel fundamental: lograr que la rabia colectiva quedase atrapada en el Mar de los Sargazos de un supuesto reformismo regenerador de la nada, de un bucle permanente hacia el descubrimiento de sucesivas “alternativas” políticas que son un camino tan cegado como la vagina de una sirena. Es el mismo que desde que la clase trabajadora existe ha sido puesto en marcha por el poder del capital en cada momento en el que su crisis le ha azotado de un modo especialmente virulento.

La trampa más perfecta que ha construido el capitalismo a lo largo de su historia ha sido el parlamentarismo. El “civilizado” ring de un combate inexistente en el que las reglas del juego parlamentario exigen la aceptación de condiciones que niegan la posibilidad de derribar el sistema económico en el que se asienta, si no es mediante una mayoría parlamentaria que no puede obtenerse porque el chantaje y la violencia latente o manifiesta del poder económico sobre la representación del “poder popular” lo impide. Y si esa mayoría parlamentaria llegase a producirse, el sistema tiene ya establecidas sus fórmulas para que nada cambie.

Marx, Lenin, Rosa Luxemburgo y otros revolucionarios admitieron que los parlamentos burgueses debían ser empleados como trincheras desde las que hacer resonar la denuncia tanto frente a la hipocresía burguesa como a la reformista de una “democracia” formal opuesta a las necesidades reales de la clase trabajadora. Ello no les impidió denunciar el “cretinismo parlamentario” que tendía a olvidarse de que la razón de ser primordial de una organización revolucionaria estaba en la lucha extraparlamentaria y, en muchos casos, ilegal y clandestina. Algo que los reformistas de toda condición han “olvidado” para lograr la respetabilidad de los detentadores del poder capitalista.

En cualquier caso, no estaría de más recordar que han existido otros comunistas, algunos ignorados y despreciados por la propia historiografia oficial comunista, como es el caso de Amadeo Bordiga que planteó desde el II Congreso de la III Internacional una posición abstencionista respecto al parlamentarismo burgués, no exenta de argumentos sólidos que merecen ser discutidos. Para Bordiga, la labor parlamentaria tendía a absorber las energías y recursos del partido, conduciendo al abandono del trabajo de masas, convirtiendo a este en un engranaje de comités electorales centrados en la conexión con los “electores”. Por otro lado, Bordiga evidenciaba el modo en el que en la prensa burguesa sería desbaratado el intento del partido revolucionario de proyectar al exterior su actividad parlamentaria, al deformar aquella intencionadamente su mensaje. ¿Les suena?

Una visión mecanicista opondría ambas tesis, la leninista del “parlamentarismo revolucionario” y la abstencionista de Bordiga de un modo maniqueo y absoluto.

Creo que ese tipo de reduccionismos son simplistas y absurdos si olvidan los marcos históricos y las características de las sociedades en las que se producen.

Lenin tuvo razón al evocar su experiencia del “parlamentarismo revolucionario” en el contexto de la revolución rusa. La situación histórica era lo bastante explosiva, la crisis del régimen zarista era lo suficientemente madura y el partido bolchevique era sobradamente antagónico como para ser un elemento fulminante del parlamentarismo burgués.

Pero en 1920, año del II Congreso de la Internacional Comunista, tras el aplastamiento de las revoluciones húngara de Bela Kun y de la espartaquista alemana, la ola revolucionaria estaba agotándose en Europa, como así lo reconoció Lenin poco más tarde. Quizá en ese momento la crítica de Bordiga al “parlamentarismo revolucionario”, que apuntaba a los inicios de la socialdemocratización de los PPCC europeos, tuviera algún sentido, a pesar de que su llamada al abstencionismo pudiera incluso ser percibida, en un primer momento, como un salto en el vacío entre el bolchevismo y la nada.

Me pregunto si en un momento como el actual en el que el lamentable espectáculo de la farsa política española ha llegado a tales niveles de degradación y la evidencia de que no es posible reformar el capitalismo desde una perspectiva socialdemócrata – lo que nos ofrecen todas las opciones con posibilidades de gobierno es liberalismo o social-liberalismo descarnados y cínicos- no será un momento válido para volver a recuperar las tesis abstencionistas de Bordiga, mientras se intenta reflexionar sobre los necesarios pasos a dar para la reconstrucción de un discurso y de un instrumento emancipadores.

2.-Hablemos de política electoral: el rifirrafe Podemos vs Ciudadanos resucitará el viejo bipartidismo: 

Si volvemos sobre nuestra realidad nacional, encontramos que un amplio sector de nuestra sociedad está tan harto del gobierno antisocial del PP, de su política de recortes, del empobrecimiento de extensas capas sociales -con especial ruido entre las llamadas clases medias, mientras las trabajadoras continúan sin voz social ni política- que está dispuesto a “comprar” el falso relato “empoderado” de una salida de su situación ante la crisis que no va a producirse.

No se producirá porque la supuesta recuperación tiene los mismos pies de barro “burbujeante” que los años de esplendor -turismo, construcción y consumo- No se producirá porque gran parte del paro es ya estructural e irreparable. No se producirá porque los indicadores internacionales de la actividad económica mundial son pesimistas.

Y, fundamentalmente, no se producirá porque frente a 5 millones de parados, la transferencia más brutal que se recuerda de las rentas del trabajo a las del capital y el empobrecimiento galopante de amplios sectores de la sociedad española, el supuesto e indefinido discurso “constituyente” -que ya no se escucha- y “empoderado”, las reformas compasivas a la situación calamitosa de las familias, pomposamente llamadas “rescate ciudadano”, son pellizcos de monja que ni siquiera pinchan en la capa más superficial de la piel de un capitalismo absolutamente desigualitario y apenas aliviarán la situación de aquellas.

Esto sin contar que el ejemplo Syriza, en la que un Tsipras y Varoufakis “postureros”, improvisan dos discursos antagónicos que ponen de manifiesto el embuste de su mensaje supuestamente radical. Mientras en sus vuelos de Atenas a Bruselas redactan sus tácticas de negociadores comprensivos y sosegados con las instituciones europeas y los poderes fácticos, en sus vuelos de regreso hacia Grecia escriben los discursos de resistentes Leónidas a su ejército de espartanos en el paso de las Termópilas de la Toika. La estrategia es inconsistente porque deja ver con claridad que en la manga no llevan otra cosa que tácticas dilatorias sin auténtica voluntad de lucha frente al capital europeo. Sacar a relucir que una salida de Grecia del euro y su vuelta al dracma es una amenaza para la UE, porque el efecto de ello sobre la economía europea en forma de subida de los tipos de interés y de crisis financiera abriría el paso a formaciones de ultraderecha en Europa, carece de capacidad de presión real porque la realidad es que Bruselas y sus capitalistas hace tiempo que no se creen la amenaza, la ultraderecha europea ya existe y es fuerte y, lo más importante, ésta es el ejército de reserva político del capital.

Esa estrategia “antiausteridad” y de presión hacia un cambio de modelo de “salida de la crisis” esgrimida por la autodenominada “izquierda europea” (GÜE y PIE) y algún otro advenedizo “ni de izquierdas ni de derechas” está condenado al fracaso.

La derecha gobernante en la instituciones europeas concederá lo que ya esté dispuesta a conceder previamente y mantendrá, quizá ligeramente rebajadas, sus políticas de austeridad y desmonte del Estado del Bienestar. Su correlación de fuerzas se lo permite y lo hace, no por una cuestión de mera aritmética parlamentaria, sino precisamente porque el campo de batalla no excede ni un ápice de la legalidad institucional, el nivel de enfrentamiento está previamente restringido a una civilizada negociación por parte de esa llamada izquierda. 

En cuanto a sus desideologizados aliados, sus propuestas anticrisis o contracíclicas experimentan una contínua rebaja: del impago de la deuda a su “reestructuración” y de ésta a su “evaluación” y de la “renta básica” a la nada, acompañada por la aceptación de la enseñanza concertada, a la que han ido los recursos detraídos a la pública). La lucha de clases, desde el lado de los trabajadores, ha sido previamente desactivada por el reformismo sindical y político. 

Lo que se opone desde esas “izquierdas” y los empoderados que renuncian a ser izquierda es un supuesto antagonismo de intereses entre la llamada Troika y los “ciudadanos” en genérico (independientemente de la clase social, los intereses, el papel en la producción y la afectación o no de la crisis a cada uno de esos “ciudadanos”). Afirmar que Troika y capital, por un lado, y ciudadanos y clases populares y trabajadoras, por el otro, forman dúos sinónimos es simplemente una mentira porque la Troika no es sino el consejo de administración del capital pero no el capital mismo, que emplea de pantalla a dichas instituciones, y los ciudadanos son tanto los opresores como los oprimidos, los capitalistas como los trabajadores. El colmo de la desideologización es ese término espurio de “la gente”, coleguismo expresivo carente de valor explicativo alguno y ajeno a cualquier referencia a la estructura social. La última pirueta de estos ilusionistas de saldo es la de haber pasado de la visión de lo colectivo a lo personal. Apelan a “las personas”, lo que conecta con el planteamiento egoísta, insolidario e individual del “¿qué hay de lo mío?”, desplazando del relato político el “nosotros”, en lo que podría ser un guiño hacia un clientelismo político de nuevo tipo, el de los seguidores de “lo nuevo”. 

El gran sarcasmo al que se enfrenta el reformismo ciudadanista es que ha acabado por nacer de él una marca electoral de futuro, Ciudadanos, que se apropia no sólo del concepto sino de la ideología subyacente a esta idea. Rehuir la lucha de clases es poner biombos a la realidad y muros protectores de los privilegios de los capitalistas, desviando las figuras reales en conflicto de intereses hacia un destino distinto a aquél en el que se encuentra el poder real: en el mundo de la producción y en las grandes corporaciones. Si se pretende combatir la desigualdad, disparar contra el intermediario del capital es poco menos que inútil porque a éste le basta con cambiar de recadero, como ya está haciendo al promover nuevas figuras políticas con similar función pero lenguaje aparentemente nuevo.

El papel de la llamada “izquierda europea” y de los partidos “empoderados” no es otro que, como el visir Iznogud, ser el califa en lugar del califa, recrear los nuevos Partidos Socialistas en lugar de los Partidos Socialistas aún vigentes. Pero el recorrido de esa operación es corto porque, en su versión más radical, acaba en la socialdemocracia -los partidos socialistas actuales son social-liberales, no socialdemocrátas- y el neokeynesianismo de la reformada socialdemocracia empoderada, en caso de ponerse en práctica, en el mejor de los casos será meramente coyuntural y el impacto de la inversión desde los Estados tendrá un efecto de creación de nuevas burbujas, al estar la economía mundial fuertemente financiarizada y el sector financiero desregulado. Las expectativas de crecimiento del 3% de la economía USA son a corto plazo (2 años), deben mucho no sólo al pasado “quantitative easing” sino a la anterior bajada del crudo, y al retorno a sus bajas tasas de paro que se producen dentro de un mercado en el que éstas siempre han sido bajas, incluso en períodos recesivos recientes en comparación con la UE y específicamente con la Europa Mediterránea. Por otro lado, la recuperación del consumo y del mercado minorista es en dicho país muy limitada.

Aunque la recuperación de la actividad económica, incluso en España, fuera más sostenida en el tiempo, la pérdida de derechos sociales y de protección a las clases trabajadoras sería ya irreversible dentro de los límites de reforma del sistema. Se ha configurado un nuevo sistema de recuperación de la tasa de beneficio del capital que implica un nuevo modelo de crecimiento sin Estado del Bienestar, o completamente jibarizado. La recuperación para lo público de los sectores privatizados sería imposible por el altísimo coste para los Estados que supondría la indemnización por expropiación de los sectores privados que entraron a saco en los servicios. Aquellos, los Estados, no podrían asumir el gasto público sin gravar de forma muy acusada a las rentas del capital y a las grandes familias. Ningún partido de izquierda reformista ni de formaciones ideológicamente amorfas estaría dispuesto a asumir el coste desestabilizador para sus gobiernos que ello supondría, salvo en el caso de que carezca de posibilidades reales de llegar al gobierno, en cuyo caso podría permitirse algunos brindis electorales al sol, si bien de carácter paulatinamente menguante ante la convicción de que para ganar votos hay que moderar las propuestas. ¿Les suena? 

 Esto como respuesta a la primera parte del texto “La centralidad no es es el centro”, aparecida en el diario digital Público del “asaltacielos”, ahora presto a asaltar el centro y mañana…quizá la derecha, Pablo Iglesias. Se empieza de incendiario y se acaba de bombero…torero. Respecto al resquemor reflejado en dicho texto, por las veloces y voraces dentelladas de Ciudadanos al mercado electoral potencial podemita, volveremos más tarde.

Sin embargo, el capitalismo está siendo capaz de continuar vendiendo el mismo giro de la noria de la “ilusión” bajo formas que pueden parecer nuevas pero son tan viejas como el achacoso esquema de partidos de su caduco, pero aún con capacidad de generar espejismos, sistema burgués.

Al agotamiento del modelo modernizador felipista que acabó noqueado bajo la crisis de los años 80, pero con la apariencia de que eran principalmente los escándalos de sus 14 años de gobierno lo que le abatía, le sucedió el aznarato, que creó parte de las causas de la siguiente crisis económica nacional -el ladrillazo- y apareció desalojado del gobierno bajo el peso del Prestige, la guerra de Irak y el 11M. Le sucedió un zapaterismo ridículo, montado en una nueva cresta de la ola de falsa recuperación económica que abría de consumirse en la jactancia patética (recuerden la analogía de la  Champions League de Zapatero) de un Presidente insignificante que acababa con todas sus promesas. Ahora la pretendida recuperación, que sólo es una suma de bajas tasas de intereses, débil recuperación del consumo y división de cada puesto de trabajo en varios, es anulada como reclamo del voto por la difusión “urbi et orbe” de la corrupción galopante del actual gobierno. Su extenuación recuerda una más de tantas operaciones de recambio político como ha organizado el capitalismo español desde que en 1973 decidió elevar a los cielos la posibilidad de autoperpetuarse la dictadura con unos toques de maquillaje democrático y occidental.

La estrategia actual del capitalismo europeo y específicamente español respecto al supermercado de ofertas electorales varias no es otra que la de ganar tiempo. La indefinición respecto a cuál será la evolución de la crisis capitalista a medio plazo -si habrá o no recuperación real, con qué su alcance y capacidad de absorción del desempleo por el mercado de trabajo-, así como los efectos de dicha crisis a medio plazo sobre la estabilidad social y política en los países de la UE y en concreto en España -el reflujo de la movilización social puede ser coyuntural-, hace que el capital contemple la necesidad de disponer de diferentes opciones políticas a las que pueda echar mano cuando las actuales parecen quemadas (PP) o aún están en fase en restablecimiento (PSOE). El capitalismo español estaría contemplando y actuando en base a a la eventualidad de diferentes escenarios políticos posibles. En el momento político actual español estaríamos hablando de “disidencia política controlada” o de “regeneración”. Si se prefiere, de “refrescamiento” de las élites políticas nacionales.

En un primer escenario, al que llamaremos de cierta recuperación del crecimiento y de una parte del empleo (de baja calidad), los nuevos partidos -Podemos y Ciudadanos- han cumplido/están cumpliendo un papel de retención de voto que antes iba al PSOE y al PP, mientras se prepara un plan de remozamiento de los partidos antiguos mediante diversos toques cosméticos que consigan hacerles un adecuado “lifting” y los devuelvan con nuevos bríos al circo electoral. Nadie dé por acabados definitivamente a los viejos partidos porque esto, de momento, no es Grecia, ni parece que vaya a serlo a corto plazo, salvo nuevo cataclismo mundial.

La defenestración del mangante Rato y la renuncia de Griñan y Chaves a repetir electoralmente iría en esa dirección, seguramente complementada con una estrategia de “revelación” de todo o parte de los ya 715 nombres acogidos a la amnistía fiscal del Gobierno del PP e investigados actualmente, tras las municipales y autonómicas, si el resultado de éstas fuese demasiado negativo para el partido de Gobierno. Si las expectativas electorales así lo exigieran, se sacrificarían algunos peones políticos y de altos cargos de la administración, encausándoles, pero “dentro de un orden”, para generar la sensación de que el sistema político se “autodepura” para incrementar la confianza y lograr una cierta homeostasis.  Los empresarios que pudiera haber en dicha lista podrán seguramente seguir durmiendo tranquilos porque esto de la “regeneración” y la “transparencia” no va con ellos, faltaría más.

De momento, dentro del escenario 1, la foto fija preelectoral obtenida es la de un bipartidismo disminuido, con dos escuderos (Ciudadanos y Podemos) que flanquean su paso y cargan con la reserva de unos votos que, de no existir como sus depósitos temporales, hubieran podido acabar en la abstención o en otros partidos con un retorno probablemente más imprevisible.

Se dirá que el voto no es de nadie, salvo del que lo emite y que ningún partido puede arrogarse la propiedad del mismo de modo permanente. Muy cierto. Pero no lo es menos que Podemos hoy busca el voto desencantado del PSOE, tras haber estado a punto de acabar con el de IU, aunque antes pretendía recogerlo de todos lados, hasta que apareció Ciudadanos, que le cortó la expansión de “partido todoterreno”. Mientras, su nuevo competidor naranja pretende, en primer lugar, captar el voto errante del PP, aunque también lo hace del PSOE y del propio Podemos.

Y habrá quien afirme que ello no enfeuda a las dos nuevas formaciones al PP y al PSOE y que muy bien podrían acabar sustituyéndoles. Cierto que todo fluye y nada permanece atado a un supuesto determinismo que dicte que las cosas son perennes pero Podemos y Ciudadanos son mucho más producto de un marketing comunicacional ajeno, el de los medios del capital, que de méritos propios y que esos mismos medios del capital regulan la velocidad de subida de los respectivos soufflés y también su bajada. 

Ahora que se ha puesto de moda recurrir a la analogía bélica de la “guerra ralámpago” (blitzkrieg) de la Wehrmacht para hablar de los rápidos ascensos en la expectativa de voto de “lo nuevo”, suele “olvidarse” que este planteamiento tiene sus inconvenientes, siendo el primero de ellos el de que para funcionar como estrategia requiere de una debilidad absoluta del “enemigo”, ese término del ideólogo nacionalsocialista Carl Schmitt tan del gusto de los señores Iglesias y Monedero, en una situación de crisis sistémica tal que lo acerque a una situación  de prederrumbe (la Rusia prerrevolucionaria de la I G.M.). Esto representa mucho más que una crisis económica, política e incluso cultural y moral. De no ser así, el llamado enemigo reacciona. Por otro lado, la blitzkrieg no funciona bien en una situación de parlamentarismo fuertemente asentado (incluso si existe un grado alto de cuestionamiento de la representación que, al final, no es tanto de ella como de las figuras que lo conforman) y con varias convocatorias electorales muy cercanas entre sí (europeas, autonómicas y municipales y nacionales) porque obliga a un constante reajuste de las tácticas que jalonan la estrategia general. De ahí la constante rebaja programática de Podemos, en cuanto ha encontrado resistencias mediáticas y políticas a sus propuestas iniciales. Al final, la guerra relámpago de Podemos puede que se haya encontrado con el “general invierno”, aunque sea en primavera, y sus tropas se encuentren atrapadas en el barro. 

Hasta el propio Podemos admite el estancamiento de su ascenso electoral, cuando en realidad se deshincha velozmente y no por su frenazo en las elecciones andaluzas sino por efecto de sus propias contradicciones internas, un rápido deterioro de la marca que lleva a su descrédito y, de modo importante, una menor pleitesía comunicativa en medios que antes les eran muy proclives y que pronto han encontrado un nuevo juguete en Ciudadanos. 

El ascenso y descenso de Podemos como proceso artificialmente generado se confirma retrospectivamente cuando se observa que el meteórico escalamiento de Ciudadanos ha experimentado el mismo mecanismo de proyección mediática de un holograma con escaso cuerpo real previo como partido. La duda estriba no en que a Ciudadanos le suceda lo mismo sino en cuánto tiempo se producirá el desinfle respecto al tiempo tardado por Podemos. En el caso de Ciudadanos, una marca de derecha ultraliberal con algunas pinceladas “progresistas”, su desinfle podría venir de su oportunismo táctico que pudiera plasmarse en alianzas de “geometría variable” (aquí con el PP, allí con el PSOE). Es cierto que la consigna de todos contra el PP le favorece pero la mayor parte de sus votos provienen de ese espectro ideológico. Veremos qué sucede en Andalucía tras el 24- nacional.

De cualquier forma, el sistema de producción en serie de partidos políticos está ya establecido. Se empieza inventando una marca y luego los medios harán el resto. La necesidad social de gregarismo bajo el que ampararse en tiempos de incertidumbre y la ambición de otros por hacer carrera política acabarán por poner la base social de votantes y afiliados. Del mismo modo, los que hoy llegan mañana se irán, buena parte de ellos a las organizaciones previas de las que venían, incluida una IU cuya anunciada muerte creo demasiado arriesgada. Es el camino de ida y vuelta de los arribistas y de quienes buscan un cementerio de los elefantes en el que reposar. Hoy y ayer. He aquí un ejemplo.

La difusión amplificada comunicacionalmente de las encuestas preelectorales dirigirán el voto de personalidades “oportunistas” que juegan a caballo ganador, como sucede con los grandes equipos de fútbol, que logran una prima de seguidores sólo por liderar la liga, de sujetos con limitado criterio crítico y propio, de defraudados por otras opciones electorales y de quienes ante una situación de cataclismo, como es el actual empobrecimiento de amplias capas de la población española por las políticas del PSOE primero y del PP después, creen que cualquier cosa nueva es infinitamente mejor que la vieja. Olvidan que el auténtico poder, el económico no se presenta a las elecciones, que no se le tuerce el brazo ni se le condiciona desde las administraciones y que si se tiene alguna posibilidad de tocar gobierno es porque se ha pactado previamente con aquél los límites de la política “alternativa”. Mismos o muy parecidos perros con collares menos diferentes de lo que a simple vista parece.

En otro orden de cosas, es llamativo que el lenguaje “regeneracionista” o de transparencia de Podemos (los elementos “progresivos” de su programa político, que no debe confundirse con el de cada coyuntura electoral, son mero excipiente para contentar a su supuesto sector izquierda), tan coincidente de fondo con el de Ciudadanos, se haya ido quedando en una denuncia, sin más, de la corrupción pepera y “socialista” (básicamente en el caso de los ERES de Andalucía). Pareciera que la denuncia de la corrupción vaya liquidando paulatinamente el eje central del relato político de ambas formaciones hasta el punto de dar la impresión de que hay una huida hacia delante del tipo “echemos a estos del PP -el discurso antiPPSOE va desapareciendo rápidamente para quedar, en el caso de Podemos, en mera retórica antiPP- y luego ya veremos qué hacemos”. La ambición de cargo devora toda pulsión mínimamente reformista, por pequeña y sistémica que ésta sea. 

Recuperemos el aludido artículo de Pablo Iglesias en el panfleto digital Público. Sobre él cabe extraer dos conclusiones fundamentales:

  • La primera, que Pablo Iglesias pretende volver por dónde Zapatero pretendió hacerlo en su día: la recuperación del relato “socialdemócrata” como antídoto contra las consecuencias sociales de la austeridad.

PERO

  • Se olvida del “pequeño detalle” de explicar porqué su admirado Zapatero (“referente mundial de la izquierda” en palabras suyas) pegó un giro a la derecha social-liberal primero y abiertamente liberal después. Cuando el capital dice “salta”, y en esta crisis lo ha dicho alto, claro y muchas veces, los gobiernos y quienes aspiran a llegar a ellos se tiran desde el trampolín más alto, ellos y a todo un país tras ellos. El recurso a la acusación de traición es muy pobre, demasiado manido y denota gran pereza intelectual. La realidad es que los gobiernos de las democracias burguesas carecen de mecanismos para afrontar el chantaje del capital y su atonomía frente al Estado. Esa y no otra ha sido la causa de que la socialdemocracia haya dejado de serlo. En cada crisis capitalista se ha ido dejando jirones de una identidad que, después de todo, se basaba en el pacto social con el capital, pues la socialdemocracia es eso en esencia: pacto social. 
  • La segunda, que la desolación por el golpe tremendo que han sufrido las aspiraciones de Podemos a alcanzar el gobierno a manos de la aparición de Ciudadanos pone en evidencia que hay mucha más similitud ideológica entre ambos partidos de lo que el señor Iglesias está dispuesto a admitir. 

  • Por mucho que Pablo Iglesias se empeñe en que Ciudadanos es el “recambio”  o el plan renove del PP y que Podemos es “el cambio” (expresión del PSOE en 1982), lo cierto es que cuando sabemos que Podemos se plantea cómo meter la bandera rojigualda (la monárquica que Franco recuperó en su dictadura) en sus actos, quedan ganas de cantarle aquello de “Banderita tu eres roja, banderita tu eres gualda” (https://www.youtube.com/watch? v=tGQ_FUyzctk), una enseña con la que, por cierto, también se identifica mucho el PSOE, como con la Monarquía, aunque éste tiene más dignidad que la de regalarle al joven monarca una copia de “Juego de Tronos”.

Por mucho que el hartazgo de amplios sectores de la sociedad española hacia un partido, el PP, cuyos antecedentes más remotos están en Godsa -en la que era una pieza muy importante el señor Verstrynge, mentor del señor Iglesias-, una trama oscura de intereses de lavado de dinero negro, tráfico de influencias y financiación opaca, y cuya evolución posterior como partido ha sido el de una organización criminal, nacida para delinquir y transferir lo público a lo privado, no es suficiente dicho empacho para apoyar a un partido cuyas posiciones y propuestas políticas son tan cambiantes a “izquierda” y derecha, como el circuito más zigzaguante que pueda existir de Fórmula 1. Al final te das un leñazo importante, sobre todo si esperabas ser el primero en entrar en la meta. Es lo que ocurre cuando sólo se mira por los tres retrovisores de rédito electoral del vehículo-partido y no a la carretera de un proyecto coherente.

El problema del regeneracionismo de Podemos es múltiple.

Por un lado, le ha salido un competidor que juega en su mismo campo, lo hace con menos contradicciones discursivas (de momento) y con un relato que gusta más a ese sector que ya existía representado en la hoy mortecina UPyD y en el oscilante “centro” (derecha mal disfrazada) que bascula entre PP y PSOE. Ciudadanos podría tener más éxito que Podemos porque retiene mejor que éste el voto errante del PP y del PSOE, a Podemos se le están notando los costurones, y parece internamente (de momento) un partido con menos contradicciones y más cohesión internas. Si a ello unimos los escándalos podemitas, la jaula de grillos que es, el lío de los mil nombres municipales y el estigma “bolivariano” que tan bien ha manejado la Brunete mediática, entenderemos bien tanto los miedos a Ciudadanos que expresa la encíclica última (“La centralidad no es el centro”) del pontífice Iglesias como la pataleta de una de las referencias pensantes de Podemos menos conocidas pero no por ello poco influyente. Me refiero al señor Fernández-Liria, del círculo Complutense: La carta que nos queda: republicanizar el populismo”. En ellas, ambos expresan su preocupación (más veladamente en el caso del señor Iglesias, consternado por el guirigay discursivo centralidad/centro en el que está atrapada la secta podemita) por el modo y la velocidad en el que se está desinflando su partido-soufflé por el efecto de la irrupción Ciudadanos.

Quizá sin saberlo, el hallazgo más novedoso se encuentre en el del señor Fernández-Liria en su texto-elegía de lo que “pudo” ser y “no será”.

Fernández-Liria hace hincapié en un aspecto que yo mismo vengo notando después de escribir mi despedida del blog, que hoy reanudo, sin saber si habrá o no posterior entrega. 

Me refiero al hecho de que Podemos, como marca del supermercado de ofertas electorales, está sometido a las leyes del marketing y de su comunicación: todo producto, como los seres vivos, nace, se desarrolla y muere, aunque sea pronto para anunciar la muerte de Podemos. Está por ver si también se reproduce, pero en forma de mitosis. 

A mí personalmente, parece que también al señor Fernández-Liria y, según el mismo confiesa, a muchos espectadores (porque Podemos es parte de la sociedad del espectáculo) nos aburre soberanamente (en mi caso y en el de muchos otros hasta la irritación). Cada vez que uno enciende el televisor o lee la prensa y ve a al sumo pontífice Iglesias, que acabará de cura de pueblo cascarrabias, los obispos Errejón, Luis Alegre, Teresa Rodríguez y la del resto de monaguillos podemitas de ocasión, pegamos un bostezo que nos desencaja las mandíbulas y cambiamos a la Teletienda, mucho más entretenida.

Antes, la presencia de un tertuliano de Podemos en la televisión disparaba las audiencias; ahora, cada vez hay más gente que cambia de canal: se les nota demasiado que no se atreven a decir nada definido, salvo el sempiterno monotema de la lucha contra la corrupción” (Carlos Fernández-Liria. “La carta que nos queda: republicanizar el populismo”)

Vamos, que Podemos aburre hasta a las ovejas y no sólo por el exceso de sobreexposición, que hace unos meses detectaron ellos mismos y han tratado de paliar, ellos o sus mecenas digitales, sino porque, además de su discurso ambiguo, todoterreno, ni de izquierdas ni de derechas, no tienen nada que decir.

Y de ello ya no les salvan ni las jaimitadas de la propuesta de dar a cada niñ@ en las escuelas valencianas un vaso de zumo de naranja, ni las chorradas del lama Monedero tocando los cuencos tibetanos en los primeros cursillos espirituales de Podemos. Seguramente ha experimentado una epifanía.

Au contraire”, el exceso de exposiciones grotescas a las que nos tiene acostumbrados Podemos (http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2015/02/podemos-quiere-matarnosde-risa.html) está provocando que decrezca raudamente la simpatía hacia la secta, incluso entre el sector más friki de seguidores de la serie “The Big Bang Theory”, y el personal pase a decir cansinamente cuando es sometido a algún tipo de información podemita “¡vaya panda de gilipollas!”.

Volviendo por un momento al señor Monedero ,y en beneficio de su propia salud mental y de un mayor respeto por sí mismo, cabe decir que su dimisión-defenestración le será, con el tiempo, provechosa. De momento, es cínico que haya apelado en su crítica pre-“dimisionaria” a una vuelta a los círculos a los que fustigó de modo absolutamente inmisericorde en Junio del pasado año tras el primer conato de rebelión de las bases en su encuentro con el sanedrín podemita en Lavapiés. Fue entonces cuando el “intelectual” -últimamente esta palabra se ha degradado mucho a partir de a quienes se les aplica- Monedero dijo aquello de “los círculos no son democráticos”, lo que no era sino un modo de deslegitimar las asambleas del pseudomovimiento devenido partido oligárquico. Paradojas del destino, que se burla del sainete de Dúo Pimpinela representado por dos de las almas de Podemos, los Anticapitalistas de Miguel Urbán y Monedero, unos y otro coinciden ahora en un tramposo llamamiento a la voz de las bases, cuando las dos partes han manejado en distintos momentos el argumento de la necesidad de la organización por encima de un asambleismo estéril.

Monedero se despachaba hace unos días con aquello de “a veces nos parecemos a los que queremos sustituir” en un calentón de boca que, a pesar de venir del cínico que venía, no dejaba de estar justificado en la evolución de Podemos desde su prediseño, ajeno a un debate colectivo y público, y pactado entre los trotskos de Izquierda Anticapitalista y los tuerkeros, hasta su electoralismo absoluto, su desvergüenza ideológica y su capacidad para admitir a todo sujeto trepa y carente de escrúpulos morales, pasando por sus juegos de pactos oportunistas, sus variaciones programáticas al socaire de las encuestas  y su juego respecto a Ciudadanos, frente a los que ya representan la farsa de enfrentamiento que antes hicieron PP y PSOE. 

Del patético papel de enamorados representado por el hijo de un “tarjetablack”, Ramón Espinar (Podemos) con Inés Arrimadas (Ciudadanos), donde los periodistas hubieron de recordarles que tenían que marcar diferencias, a la negativa del señor Iglesias a compartir Chester con el paladín “ciudadanista” señor Rivera, vamos acercándonos a la vieja performance de enfrentamiento PSOE y PP.

Acabando con el asunto del señor Monedero sólo me cabe recordar aquella estrofa del sabio Enrique Santos Discépolo cantada por el eterno Gardel

“Fiera venganza la del tiempo, que le hace ver deshecho lo que uno amó… “

Sólo me cabe una duda: ¿quien tiene más fuerza y razón para declamarlo, Juan Carlos Monedero respecto a Podemos o estos frente al primero?

No se fíen ustedes del “postureo” calculado del NO PACTO. Las elecciones andaluzas y las municipales/autonómicas estaban demasiado cerca unas de otras. Si el PP no sufre una debacle total, cosa improbable pero no imposible, las elecciones no serán adelantadas respecto a noviembre en más de dos meses. Con el verano de por medio, podría mantenerse la interinidad de gobierno de los entes locales y autonómicos hasta septiembre. Entonces será cuando los partidos habrán de retratarse. Iremos viendo, según se acerquen las generales, de qué modo Podemos se reconvierte hacia el sentido de la gobernabilidad, acercándose al PSOE, y los ultraliberales Ciudadanos con pintas de modernillos, y mucho coqueteo con el fascismo patrio, harán lo mismo, hora al PP, hora al PSOE. Será entonces cuando entendamos mejor que en España más de 100 años de alternancia liberales-conservadores no es gratuita. De momento, “El Confidencial” ya anuncia el pacto de los claudicantes de la progresía. El artículo se titula “Bases de Podemos, IU y PSOE promueven un pacto de “frente amplio” contra el PP”. No se sorprendan cuando vean que el PSOE alterna en una misma ciudad/pueblo o Comunidad Autónoma pactos con Podemos e IU por un lado y con Ciudadanos por el otro. E incluso cuando los pstoree a todos ellos y veamos que los cacareos de gallos de corral enfrentados por la tetosterona electoral se quedan en amancebamiento múltiple. Les sugiero que si andan ustedes con ganas de bloguear (¡viva la destrucción del idioma!) repasen dos artículos de este desaprensivo que les deja sus dolorosos partos desde hace años:

Si se los saltan, tampoco morirán entre terribles sufrimientos. Simplemente adelanto en ellos lo que les he anunciado un poco más arriba y está pasando. ¿Que tal lo de tragarse lo de PPSOE se queda en PP? ¿Bicarbonato?

Lo contrario, prolongar una situación de desgobierno o provocar una nueva llamada a las urnas sería no tan suicida para el PP y el PSOE como para Podemos y Ciudadanos. Para Podemos porque el tiempo corre en su contra y daría fuerza a la acusación del partido del gobierno y su Brunete mediática de que son antisistema. Justo lo que el partido de los círculos quiere demostrar que no es cierto, con su esfuerzo centrista. Para Ciudadanos porque estaría negando esa pátina de sensatez, moderación y diálogo que pretende transmitir.  

 Si un aprendizaje cabe extraer de este época de operaciones de laboratorio político es que el concepto de soberanía popular y la autonomía de la política frente a los poderes económicos es una ficción. El poder del capital a través de los canales de formación de la opinión y troquelamiento mental destruye organizaciones políticas, con la colaboración interna, obviamente, y erige otras de la nada. Del fulgor y gloria de IU y UPyD hemos pasado a su ruina política, también por disparates propios, y de la más absoluta nada hemos pasado a formaciones con un 15% de expectativa de voto y líderes de cartón piedra pero muy telegénicos. Aquella frase de Alfonso Guerra, cuando sólo existía una televisión –«Prefiero un minuto de televisión que 100.000 militantes»– se ha vuelto profética, mucho más en una era de decenas de canales televisivos, Internet, prensa digital a mansalva, foros y redes sociales, con sus “community managers” profesionales y sus gregarios con trabajo de balde, ilusión a raudales y algunas ambiciones inconfesables.

En este escenario, el más inmediato, la persistente persecución de Podemos a su propio trasero ideológico, que está en Ciudadanos, muy bien podría acabar en una reedición del viejo bipartidismo PP-PSOE -coyunturalmente debilitado-, esta vez con escuderos.

Pero volvamos a la idea de los escenarios de la que empecé a hablarles hace muchos párrafos.

3.-Siempre hay una bala en la recámara del capital:

Habría un segundo escenario, el de la extensión “sine die” de la crisis capitalista, la cual incluso podría llegar a profundizarse en función de la evolución de la situación económica en países centrales como USA, Alemania y China, cuya desaceleración del crecimiento es ya más que palpable. Tengamos en cuenta que hasta el pasado febrero China era la mayor poseedora de bonos estadounidenses de deuda -acaba de ser superada ligeramente por Japón- y de una cantidad no desdeñable de la deuda europea. El efecto de que China vaya desprendiéndose de dicha deuda para contener el alza del yuan y las dificultades de recolocación de una deuda con intereses a la baja está por estudiar pero bien pudiera materializarse en una crisis de liquidez. A ello debiera añadirse la posibilidad de que las descomunales cifras de inyecciones de dólares en USA en el pasado y, menores pero que van a continuar manteniéndose en el tiempo -de euros en la UE-, hayan generado burbujas financieras que acaben por estallar más pronto que tarde.

Si este escenario de mantenimiento de la crisis mundial, tras un paréntesis de débil recuperación, que puede estar llegando a su fin (la caída de la confianza inversora en Alemania en Abril, la situación de la economía rusa y la rápida profundización de la crisis en países como Brasil o Argentina n o son datos positivos), se produce, estaremos ante un más que probable aumento de la desestabilización social y política derivada de un incremento de la depauperación de las condiciones de vida, el crecimiento del desempleo y la reducción de los salarios para la clase trabajadora.

En ese eventual marco económico, social y político el maquillaje “regeneracionista” y anticorrupción, destinado a aliviar tensiones sistémicas y a desviar la rabia social contra los efectos de la crisis capitalista sobre las clases trabajadoras, no funcionará porque enchironar a algunos políticos no da de comer a los sectores empobrecidos ni paga las hipotecas. Calienta pero no alimenta.

En esa circunstancia, la función de las nuevas ofertas políticas actuales bien podría ser la de actuar, a su pesar pues buscan la máxima “respetabilidad” institucional, como factores que incrementen la deslegitimación y desestabilización del sistema político, al evidenciar que no son fuerzas que vayan a mejorar la situación de las clases trabajadoras sino que pueden llegar a ser sus nuevos verdugos.

En el escenario hipotético  de profundización de la crisis, Ciudadanos podría actuar a corto plazo como profiláctico para una clase media que se conformaría, en un primer momento, con un cierto grado de “regeneración” política, al obtener las cabezas de unos cuantos “funcionarios” políticos del sistema.

Dado que hablamos de una crisis estructural del capitalismo, esas clase medias, desprovistas de una dominancia de la clase trabajadora y de las organizaciones de las que ésta carece hoy, se radicalizarán a medio plazo en sus posiciones políticas. Éstas no se inclinarán hacia un proyecto socialista puesto que intuyen que sólo en el capitalismo pueden subsistir, aunque no sea ante cualquier capitalismo sino ante determinado modelo de capitalismo. Ignoran que su evolución tiende a eliminarlas como superfluas y, cuando llegan a detectar su fin como clase, añoran el pasado y sobre él edifican su modelo social y político.

Puesto que la socialdemocracia ya no podrá ofrecérselo, porque el capital hegemónico no avanzará en la dirección de la reconstrucción del Estado del Bienestar sino de la selva, la clase media central (ejecutivos intermedios, profesionales independientes bien remunerados, sectores de la pequeña y mediana burguesía empresarial) podrían llegar a optar por un modelo político que defienda cierto nivel de protección social -corporatismo- y una negación de la democracia representativa como consecuencia de su hartazgo de lo que consideran culpa de los políticos respecto a su situación de clase. Serán la base activa de un proyecto ya abiertamente fascista, no simplemente populista en el que Ciudadanos ya no jugaría un papel más que subalterno o incluso marginal, dado que su perfil liberal le aleja de una oferta económica que proteja a las baqueteadas clases medias.

Los sectores de las clases medias en riesgo de descenso social que mantengan su apoyo a Podemos (parte de los profesionales y de la mal llamada clase media-baja, representada por segmentos en decadencia) experimentarán una contradicción entre cierta conciencia de depauperación social y de que la evolución del capitalismo se convierte en el enemigo de su supervivencia y la imposibilidad de asumir una conciencia de clase decisiva, capaz de trascender sus propios intereses para representar los del conjunto de excluidos por el capital. La naturaleza de unos estratos que perciben la precariedad pero no se consideran explotados y el hecho de que la conciencia de clase es siempre externa a la misma (a través de las organizaciones revolucionarias que hoy no existen) se lo impide. Las previsibles tensiones internas, que seguramente irán en aumento en el proceso de derechización de Podemos entre los sectores reaccionarios y de “izquierda” podemitas, provocarán un abandono de parte de dichos estratos sociales, que pueden experimentar un nuevo sentimiento de orfandad política a la búsqueda de representación.

Si se produjese un giro a la izquierda de Podemos, cosa harto improbable porque su necesidad de crecer electoralmente les modera a gran velocidad, dicha organización podría llegar a retener cierta base social y de voto entre la clase trabajadora pero, dado la dirigencia de Podemos representa ante todo los intereses de las clases medias que sienten su supervivencia amenazada, y son las que tienen expresión política y voz mediática, dicho sector popular quedará mudo, como hasta ahora lo ha estado durante todo el período de la crisis capitalista.

Por lo demás, ni las clases medias en riesgo de laminación ni la clase trabajadora aspiran a una sociedad que represente algo alternativo a un mejor nivel de vida y de consumo para unas y otra. Ello les unce al carro capitalista.

En cualquier caso, y ante la imposibilidad actual y a medio plazo de construir un proyecto de partido, una propuesta política, una capacidad de poner en crisis, no el sistema de partidos dentro de la estructura política de la democracia burguesa, sino el sistema capitalista, lo que se abre en el caso de profundización de la crisis económica y sistémica es una fosa entre la razón (1789) y la locura (1922 y 1933). Y el camino abierto hacia una nuevo fascismo que ya no vestirá los trajes SS de Hugo Boss sino los de un alternativismo que no les pertenece pero bajo el que se camuflan crecientemente. 

Lo que la izquierda deje vacío lo ocupará el fascismo. Un repaso a los años 30 en Alemania sería ilustrativo.

La decepción que Ciudadanos y Podemos pudieran dejar en ese escenario de corrupción galopante y crisis sistémica aún más profunda abonaría el perfecto escenario social para un mayor cuestionamiento al sistema de partidos. De la “regeneración” al rechazo, no a los partidos sino a la propia idea del sistema de representación. Puede que entonces veamos qué otras caras tiene “lo nuevo”, se llame VOX o de otro modo.

 

4.-A falta de propuestas alternativas, una inmediata y personal

Seguramente, en medio del momento preelectoral y tan falsamente presentado como crítico, a muchos de ustedes les asalte la “urgencia” del “sí, lo que usted quiera contarme pero ¿qué haría ante las próximas elecciones municipales y autonómicas?”

ABSTENERME. Esa es mi respuesta. No el voto en blanco, ni nulo, que es la eterna cantinela de los que sólo censuran el sistema electoral, a lo sumo el régimen de partidos, pero balan como borregos ante el sistema económico que sustenta el cretinismo parlamentario, la democracia burguesa y, como mínimo, el circo electoral que nos ofrece como farsa el capital para entretenernos.

A lo largo de mi vida me he abstenido algunas veces más de las que he votado. El derecho al voto no puede convertirse en una obligación que tape la boca y la razón de protesta del abstencionista. Ese es el discurso de los lacayos con alma de súbditos antes que de sujetos soberanos cuya decisión de votar o no no puede depender sólo del forceps prediseñado sino también del sujeto y sus circunstancias. Someterse a ese tipo de chantajes es ruin. Nuestra palabra, la de todos, es parte del carácter inteligente y autónomo del ser humano y condicionarla a meter o no una papeleta en una urna es un discurso propio del poder y de sus siervos.

Si la democracia se limita a votar cada cuatro años a unos partidos, algún referéndum y a hacer uso de la participación digital, controlada por quien determina cuál es la pregunta, y manipula incluso el resultado final, es una vulgar patraña.

Ejercer la democracia es opinar todos los días, no ser multado ni encarcelado por hacerlo, desafiar ese riesgo, decidir mucho más allá de lo meramente institucional, plantearse no hacerlo, ser respetado sin críticas absolutistas se vote o no, comprometerse o no en otros muchos ámbitos que el de acudir a las urnas, opinar, y, sobre todo, ejercer la libertad de ser más allá de votar o no en unas elecciones. El resto es plebiscitar un sistema determinado de control social y político.

Y ahora voy a explicar porqué me voy a abstener en esta ocasión.

¿Recuerdan ustedes lo que decía la reforma del artículo 135 de la Constitución, que nos endosó el ex Presidente Zapatero, ese que tanto le gusta al señor Iglesias? Se lo voy a recordar yo

1. Todas las Administraciones Públicas adecuarán sus actuaciones al principio de estabilidad presupuestaria.

2. El Estado y las Comunidades Autónomas no podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su caso, por la Unión Europea para sus Estados Miembros.

Una Ley Orgánica fijará el déficit estructural máximo permitido al Estado y a las Comunidades Autónomas, en relación con su producto interior bruto. Las Entidades Locales deberán presentar equilibrio presupuestario.

 La actual situación económica y financiera no ha hecho sino reforzar la conveniencia de llevar el principio de referencia a nuestra Constitución
 3. El Estado y las Comunidades Autónomas habrán de estar autorizados por Ley para emitir deuda pública o contraer crédito.
 Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta. Estos créditos no podrán ser objeto de enmienda o modificación, mientras se ajusten a las condiciones de la Ley de emisión.
El volumen de deuda pública del conjunto de las Administraciones Públicas en relación al producto interior bruto del Estado no podrá superar el valor de referencia establecido en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.
4. Los límites de déficit estructural y de volumen de deuda pública sólo podrán superarse en caso de catástrofes naturales, recesión económica o situaciones de emergencia extraordinaria que escapen al control del Estado y perjudiquen considerablemente la situación financiera o la sostenibilidad económica o social del Estado, apreciadas por la mayoría absoluta de los miembros del Congreso de los Diputados.
5. Una Ley Orgánica desarrollará los principios a que se refiere este artículo, así como la participación, en los procedimientos respectivos, de los órganos de coordinación institucional entre las Administraciones Públicas en materia de política fiscal y financiera. En todo caso, regulará:
a) La distribución de los límites de déficit y de deuda entre las distintas Administraciones Públicas, los supuestos excepcionales de superación de los mismos y la forma y plazo de corrección de las desviaciones que sobre uno y otro pudieran producirse.
b) La metodología y el procedimiento para el cálculo del déficit estructural.
c) La responsabilidad de cada Administración Pública en caso de incumplimiento de los objetivos de estabilidad presupuestaria.
6. Las Comunidades Autónomas, de acuerdo con sus respectivos Estatutos y dentro de los límites a que se refiere este artículo, adoptarán las disposiciones que procedan para la aplicación efectiva del principio de estabilidad en sus normas y decisiones presupuestarias.

Esto para quienes intenten colar el camelo de alguna syrizada o “rescate ciudadano”. Cuiden sus traseros, si su “ilusión” consigue sustituir la sodomización que el PP ejerce por otra pseudoprogre.

Bueno, pero como vamos a ganar las elecciones en noviembre, derogaremos ese artículo. La estupidez humana carece de límites, como el universo, como bien dijo Einstein.

En primer lugar para reformar la Constitución, aunque sea en un solo artículo, se requiere de 3/5 partes del Congreso o, lo que es lo mismo, de al menos 210 diputados. En el caso del Senado, son necesarios al menos 159 senadores. ¿De verdad creen ustedes que la composición futura de las dos cámaras facilitará la obtención de esas cifras? ¿En qué país creen que viven? Pero incluso si existiera numéricamente esa cifra que lo hiciera posible, creen ustedes que los partidos encargados de llevar a cabo tal derogación la aplicarían? Saben ustedes que ni Podemos, ni el PSOE, ni tampoco IU se han comprometido hasta hoy en abolir la LOEPFS (Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Fiananciera)? Les sugiero que lean el contenido de esta ley que les he puesto en el enlace y se empapen en ella porque es la que desarrolla el reformado artículo 135 de la Constitución -con el voto de PSOE y PP- del que antes les he hablado. 

Por otro lado, si en alguna esfera es especialmente notoria la pérdida de soberanía nacional de los países de la UE es en la económica. La Comisión Europea y el BCE definen los marcos y límites del juego económico en cada país. Ellos, junto con el FMI, determinan las políticas anticrisis y de austeridad que los países aplican con un margen de maniobra prácticamente inexistente en tanto que se pertenezca a la UE y el euro y se admitan las reglas del “juego democrático-burgués”. Y si no que no se lo pregunten a Syriza, sus políticas de privatizaciones, sus más que “pobres” medidas antiausteridad, su amnistía fiscal a los grandes defraudores y la propuesta de Varoufakis de crear un “banco malo” para absorber los activos tóxicos. ¿Les son familiares las dos últimas medidas?

Cuando las soluciones, siquiera coyunturales, son aplicadas lo mismo desde la derecha más reaccionaria que desde la pretendida izquierda, es que la segunda no se comporta como tal. El sacrificio del hamletiano Varoufakis, que dudaba entre aprovechar el momento para poner en jaque al capitalismo europeo o ayudarle a salir de su crisis, destituido de su papel de interlocutor en las reuniones con los acreedores del FMI y de la UE, rol que ahora asume el propio Tsipras, deja claro cuáles son los límites de acción para las opciones reformistas en los países mediterráneos; en realidad de cualquier país que no sea la propia Alemania. Si alguien cree que cambiando de marca en los gobiernos va a cambiar la orientación de sus políticas económicas demuestra palmariamente que ilusión viene de iluso…o de cínico.

Participar hoy en el simulacro político que representa el juego electoral es simple y llanamente complicidad. Me preocupa especialmente cuando ésta la ejercen las víctimas de la crisis capitalista, aunque entiendo la necesidad psicológica de creer en una salida al dolor de sus vidas cotidianas. Pero no deja de ser un asunto de fe y una mentira, dos conceptos que con harta frecuencia suelen ir juntos porque la fe no es otra cosa que una esperanza, sin datos objetivos reales en que asentarse, en que las cosas serán diferentes a como son en realidad. Si hay una salida a la opresión de clase, la explotación y la pobreza hoy que los parlamentos han perdido cualquier posibilidad mínima de ser mecanismos de transformación social, si es que alguna vez hubo una por pequeña que ésta fuera, no pasa ya por la acción política legal y respetuosa de las reglas del juego.

Una parte de ustedes dirán que mi comportamiento electoral no ofrece alternativas. ¿Acaso esperan ustedes que las propuestas emerjan desde lo individual cuando lo colectivo no las ofrece? ¿Niega eso la legitimidad de la crítica o la posibilidad de que el diagnóstico sea certero? También me reprocharán que con mi abstención favorezco la continuación del PP en el Gobierno. ¿Prefieren ustedes una des-”ilusión”, mayor que la del segundo gobierno Zapatero, con un gobierno “antiausteridad” que continúe con la misma, por mor del poder del capital y de la UE, y que, tras su descrédito, abra el camino a una opción abiertamente fascista como depositaria de una rabia incrementada y, desde hace mucho tiempo, desviada hacia donde no se cuestione el capitalismo? Yo por mi parte no voy a ser cómplice de esta pantomima electoral y mucho menos del descrédito al que las opciones antiausteridad van a someter a la idea de izquierda a partir de las banderillas, los rejonazos, el estoque y el descabello a lo PP a la clase trabajadora. Lo mismo el “quedar para septiembre” les ayuda a reflexionar sobre para qué sirve tanta moderación y viaje al centro.

No, no soy ningún purista del todo o nada, cómodamente instalado en ningún sillón, sino alguien hastiado de que cuando “la indignación” ha tomado forma política haya acabado convertida en permanente carrousel de rebajas oportunistas para alcanzar el gobierno. Para ese viaje no hacen falta tantos disfraces. Algunos ya conocimos eso en la transición política. Sólo que entre ese momento y el actual hay una enorme diferencia. La clase trabajadora no había sufrido entonces tal nivel de agresión ni de lejos. Pues bien, cuando el capitalismo ha vuelto a niveles de agresión contra los asalariados que recuerdan los tiempos dickensianos, lo que nos ofrecen como alternativa los llamados progresistas o antiausteridad es un eterno viaje al centro.

Pero hombre, ¿se va usted a abstener ahora cuando en las pasadas elecciones europeas de hace un año pidió el voto para IU? SÍ y por muchas razones.

No voy a dar mi voto a Podemos ni al PSOE a través de una IU que acepta converger con una única condición: hacerlo con sus siglas.

La reacción de la dirección de IU frente a su intento de fagocitación por Podemos se ha limitado al mencionado intento de salvar las siglas. El Manifiesto “la militancia con Cayo” (Lara) es una penosa muestra de claudicación e indefinición ideológicas y cobardía políticas, bajo la aparente contundencia de la nada: esconderse tras un coordinador general cuya reacción antiPodemos ha sido tímida, sin duda por estar en minoría dentro del Comité Federal de una IU saboteada, entre otros, por una dirección del PCE entregada a la supervivencia profesional de su cúpula transmigrando a Podemos.

Si dicho Manifiesto hubiera querido ser realmente una oportunidad frente al giro derechizado, ciudadanista y desnaturalizado que ha significado su entrega a los Ganemos y Ahoras varios y a candidatos como Luis García Montero, que propone pactos postelectorales con Podemos y el PSOE, habría planteado la urgencia de una Conferencia extraordinaria de IU que diese lugar a una reorientación política, un giro a la izquierda y hacia la clase trabajadora, la necesidad de plantear una ruptura con sus sectores más entreguistas a esa pandilla de aventureros y de sepultureros de las ideas de izquierda llamada Podemos y otros ciudadanismos desclasados. Todo ello junto con una definición clara de cuál es su política de alianzas, con quienes y en qué se basa.

No voy a votar a una IU que mantiene en su dirección a sujetos como Manuel Monereo, un auténtico caballo de Troya al servicio de Podemos.

No voy a votar a una IU que va con Podemos en 4 capitales de provincia, que se disuelve en confluencias ciudadanistas con podemitas o sin ellos  y que para el Ayuntamiento de Madrid desconozco si apoya una o dos candidaturas (Raquel López-IUCM o Ahora Madrid,) según qué instancias y dirigentes de IU se pronuncien al respecto. 

No voy a votar a una IU que tiene por candidato a Presidente de Gobierno a un pinchaúvas (Alberto Garzón), profesional de la política del estilo de los fabricados en serie por el marketing político (joven, modernillo, neutro, “prudente”, como le gusta decir a las señoras de derechas,…) que sigue empeñado en converger y entenderse con los podemitas a toda costa. No intenten darme lecciones aclaratorias o se las devolveré yo ciento por uno.

IU es una opción socialdemócrata. No considero el término socialdemócrata como un insulto que arrojar a nadie, aunque creo que ya no hay espacio para la socialdemocracia porque el Estado capitalista carece de herramientas de intervención económicas.

Dicho esto, siempre que he votado a IU ha sido contra el PSOE porque éste último es la entrega más indecente de la clase trabajadora al capital. Cuando no lo he hecho, me he abstenido o he votado una candidatura comunista.

Esta vez no votaré tampoco a una organización comunista. Serán pocas las que se presenten a estas elecciones del 24-M y, por otro lado, creo que son muy conscientes la mayoría de ellas de la camisa de fuerza que representa el sistema electoral en el camino hacia una ruptura con el capitalismo.

Habría apoyado esta opción si los grupos comunistas hubiesen querido avanzar hacia una unidad orgánica, a partir de un debate ideológico útil y leal, sin trampas fundamentalistas que impidiesen el encuentro, y en base a una voluntad de construcción.

No es cosa de un día lograr dicha unidad pero han dispuesto de 8 años desde el inicio de la crisis capitalista para avanzar en esta dirección. El resultado de no hacerlo ha sido el de que hoy la mayoría de esas organizaciones son mucho más minúsculas, sufren una creciente perplejidad ante una realidad que hace mucho no comprenden, más allá de un diagnóstico más o menos correcto de la parte económica de la crisis capitalista, y un doctrinarismo y dogmatismos de museo que no puedo compartir. El marxismo no es eso y el horizonte comunista, si no reverdece, se irá alejando más y más, justo cuando es más necesario.

Por eso y por mucho más, el 24-M me iré a hacer senderismo, si antes no me rompo una pierna.

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