El chivo y la edad de los pecados

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La organización “Estado Islámico” ha venido siendo analizada desde numerosos puntos de vista, pero hay que reparar también en su rol como Cabeza de turco a quien imputar una falaz originalidad de todo Mal. A través de dicha banda, el espectáculo pone en antena un sobrecogedor mesías que exonera al mundo político “occidental” de sus pecados. Los “occidentales” han puesto en el opaco frasco del silencio secuencias añejas como el genocidio de los cristianos árabes por ejemplo en Siria, sólo para destapar ahora, diferidamente, sus esencias, como si de un fenómeno nuevo se tratara. La reconstrucción virtual de los tiempos de la historia, les permite lavarse la sangre de las manos. 2014-15 se dibuja como el Año Cero de las persecuciones. Y de las demoliciones monumentales, las decapitaciones, la colonización de terrenos, la apropiación neo-feudal de riquezas, la obligación a servidumbre lugareña, el cobro de diezmos y la detonación de infraestructuras civiles. Si ya no puede ocultarse tanto escombro bajo la alfombra multicolor de las Primaveras, pues es la cantidad de ruina acumulada la que ahora tapa a su propio viejo maquillaje, “occidente” puede al menos fingir que todo está ocurriendo justamente en estos últimos meses. El crimen ha dado la vuelta al Mundo, para aprieto de la fracción más vanguardista y optimista del hegemonismo estadounidense, que quiso inaugurar mercados para sus capitales combinando las redes sociales y los campos de entrenamiento, las plazas cívicas y los fortines, las promesas de prosperidad y “el individuo libre”, quien, en palabras del deleznable exministro de Economía sirio, Abdallah al-Dardari, “se ayuda a sí mismo” (self-help individuals). El Estado Islámico, verdaderamente criminal, ha quedado perfecto monopolizando el papel de criminal.

Que yo sepa (y lo sé), las macabras “novedades” en Palmira datan por lo menos de dos años y medio atrás, cuando el Ejército Libre de Siria ocupó la capital y varias localidades de la provincia, desangrando ríos humanos que vagaban, como podían, hacia donde podían, mientras las casas pasaban a recaudo de nuevos dueños y el juramento de lealtades se obligaba. Esto mismo, realidad de toda geografía, se cuenta nada más que de latitudes con población kurda cuando el Estado Islámico embiste. Allí esta última organización es el Mal televisado, pues sus incursiones no interesan a la “política del equilibrio” regional ideada por un imperialismo ávido de inventar/materializar una franja septentrional de “territorios kurdos”. Si lo mismo practica el Estado Islámico sobre la población de Tadmor, el espectáculo atestigua cómo fueron allí recibidos los armados: “con palmas y olivos”, se dice.

Y, como en Alepo y en todo centro neurálgico sirio capaz de aportar recursos materiales para la resistencia nacional, sí está el imperialismo interesado en ver dar progresos al Estado Islámico, la tele rodea de un halo de criminalidad a los bombardeos militares aéreos contra posiciones de la organización. Allí por lo visto no proceden los “yihadistas” a reubicación poblacional forzosa ni operan con escudos humanos. Así hablaban los telediarios de 70 muertos, en su mayoría civiles, por bombardeos con “bombas incendiarias de combustible” sobre “un mercado controlado por el Estado Islámico”. Vaya bombas… Quizás si el EAS no estuviera sujeto a bloqueo de avituallamientos, tendría, en lugar de esas “bombas de combustible”, cohetes como los que lanzan los enemigos de Siria.

De cualquier modo, no es nada lógico que el EAS (quien no va, por mor del bloqueo, lo que se dice sobrado de armas) se dedique a soltar bidones contra una población que, en general, continúa de su lado. La resistencia estatal extrae parte de su fuerza ideológica y estructural, a partir de la fuerza social tanto como de la fuerza civil voluntaria. ¿Por qué ganarse enemigos poniéndose a competir en barbarie con los reaccionarios, enemigos naturales del pueblo?.

Dicha ilógica de fondo explique quizás porqué las agencias “occidentales” sobre el terreno (que es mucho suponer) “filmen” las escenas urbanas terrestres pero no vuelquen sus cámaras hacia aviación alguna. O será que el Estado Islámico es, como nos sugiere la pantalla, el buen samaritano prodigando dones por los mercados populares alepinos. Allá los bárbaros son los bárbaros, acá los bárbaros son quienes resueltamente los combaten. Al Cabeza de turco hay que pintarlo, como es, feo. Pero, por lo mismo, no puede dejarse morir al Cabeza de turco, que tan bien encarna el crimen, inconcluso aún, de los criminales “no tan lejanos”: quien lo combate ha de ser, pues, criminalizado y aislado de mínima comprensión televidente.

Corolario, así seguimos, tal que ayer, en el eterno retorno discursivo de “los bandos”, de “la barbarie de las partes” y del “conflicto sirio”. No olvidemos que dar identidad siria al Cabeza de turco permite al imperialismo, a través de esa connotación a “arraigo entre las gentes”, colocarle, según localidad, un rostro humano de quita y pon.

Alternativamente, la caracterización localista le permite al imperialismo culpar de un plumazo, a la política nacional y a la cultura (a “la otra” cultura), de la calamidad en curso: por una mezcla de desesperación material y fanatismo genético-cultural, “el sueño del árabe produce monstruos”. Paroxismo de la purga “occidental” de su Pecado sirio de casi cuatro años y medio de edad.

 

 

       Tamer Sarkis Fernández

 

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Un comentario

  1. Pedro Fernández says:

    gran artículo, también publicado a posteriori por Alternativa Ciudadana Progresista

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